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Por Patty, Voluntaria
virtual Zona Joven Activa
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Este
mes tenemos el compartir de otra persona muy especial tambien,
que ha querido dar su granito de arena para colaborarnos en
el foro, espero que con sus palabras alguien se identifique
y le sirva para reconocer igualmente que hay un problema como
tambien que hay solucion a mano.
Un abrazo,
Patty
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Hola. Mi experiencia disfuncional comenzó siendo
muy niña cuando mis papás decidieron que yo
me criaría con mi familia paterna, es decir con mi
papá y mi abuelita y por ende los tios de este lado
de la familia. En ese momento yo no entendí nada pero
el sentimiento que tuve y que perduró a través
de los años fue de desconcierto y de una gran “culpabilidad”.
Pensaba que si mi mamá
no estaba conmigo era por mi culpa, algo así como que
yo no lo “merecía” y empezaron a surgir
un montón de emociones y sentimientos negativos que
perduraron hasta la adolescencia y la juventud. Intenté
adaptarme al mundo, fui “complaciente” con los
demás para agradarles y no meterme en líos,
buscaba tener un bajo perfil porque el mundo me daba miedo,
no lo entendía y me sentía atacada y empecé
a “sufrir” tanto por todo y a sentirme insatisfecha
con todo a mi alrededor; nunca estaba segura de mi, ni de
mis decisiones, cabe decir que me costaba tomar decisiones,
todo lo hacía, decía yo en esa época,
como por instinto y sobre todo siempre intentaba huir del
mundo, pero al mismo tiempo el mundo me hacía falta
y a medida que seguí creciendo todo se fue complicando
cada vez más. Luego quede embarazada de mi novio y
me casé porque pensaba que era lo mejor y de verdad
pensé que iba a funcionar.
Esta relación no
duró mucho puesto que yo ahora con mayores responsabilidades
me sentí peor de vacía, de insatisfecha y seguí
culpando a los demás, en este caso al papá de
mi hija y a la familia de él porque otra vez yo no
me sentía “ubicada” en ese lugar ni en
esa relación. Todo terminó de manera abrupta
puesto que yo empecé a salir con “alguien”
con el que yo me sentía muy bien, me identificaba y
me sentía libre. Resultó ser que esa persona
con la cual convivo hoy en día, era un “alcohólico”,
yo en ese momento no lo sabía a ciencia cierta, pero
día a día todo se iba complicando más.
El bebía inicialmente
½ botella de brandy por las noches para poder dormir,
luego esto se fue incrementando hasta que un día ya
no pudo vivir sin el alcohol y tenía que tener su ración
permanente hasta en el trabajo; por supuesto todo esto trajo
muchos problemas y un día desesperada porque yo ya
no sabía que hacer me llegó la ayuda en forma
de una hermandad llamada “Al Anon” . Allí
empecé a entender poco a poco como era la enfermedad
del alcoholismo y como era mi enfermedad llamada “codependencia”.
Yo sufro de codependencia, algo así como un “apego”
en este caso hacia otro ser humano, entonces yo vivía
a través del alcohólico y quería cambiar
al alcohólico pero no me miraba porque tenía
miedo y a través del programa, de las reuniones y del
estudio logré empezar a observarme y a cambiar mis
actitudes hacia mi misma y hacía los demás,
dejé de culpar e intento dejar de juzgar a los demás.
Entendí que yo
no me sentí satisfecha con mi primera relación
puesto que yo buscaba problemas y crisis para evadir mi realidad
y mis sentimientos negativos y como no había muchos
en esa relación salí corriendo a buscarlos y
de verdad que los encontré y desafortunadamente para
mi, tuve que vivir experiencias dolorosas y “padecimientos
absurdos” para entender que mi vida sólo la puedo
vivir yo, que no quiero seguir desperdiciando mi tiempo en
cambiar a nadie, ni siquiera al alcohólico, que me
acompaña un poder superior, algo así como una
energía divina, que me ha protegido durante toda mi
vida y que por esto mismo debo cuidarme y seguir aprendiendo
como ser feliz. Un abrazo a todos.
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